Yo no quiero vivir dentro de una película

29 Jul

A veces, tengo sentimientos encontrados con la cinefilia. Sí, es cierto que he disfrutado del cine, desde siempre, desde que soy un niño, y todo parece indicar que, si hasta ahora no he perdido esa capacidad ya no lo haré nunca. Y sin embargo, cada vez que oigo las largas y melosas declaraciones de amor al séptimo arte, preferentemente con voces lánguidas y que parecen remitir todo lo importante de esta vida a lo sucedido sobre una gran lona blanca (o sucedáneos), me siento ajeno.

Digámoslo claro: yo no quiero vivir dentro de una película. Es estupendo vivir una aventura de manera vicaria, disfrutar de un rostro hermoso o fantasear con que nos enamoramos de una chica con carne de celuloide o píxel, pero eso nunca podrá parecerse a lo vivido en la realidad. He oído diálogos maravillosos surgidos de la mente de un guionista, he presenciado momentos hermosísimos brindados por un inspirado director de fotografía, y hasta he sentido la adrenalina y la sensación de poner el pie en un mundo imposible gracias a los técnicos de efectos especiales. Sí, todo eso me ha pasado y lo confieso: he llorado multitud de veces ante una escena o un momento, aunque también he de reconocer que, con el paso del tiempo, identificaciones tan intensas son cada vez más difíciles…

…y sin embargo, si miro hacia atrás, los momentos esparcidos por mi vida que me convencen, continuamente, de que sólo vivimos una vez y de lo único que es que estemos aquí, han sido todo menos menos fotogramas: amar a una chica, besarla, sentir el aire en la cara,  la sensación del trabajo bien hecho y recompensado, una caricia, uno de esos momentos de paz y lucidez en los que nos sentimos capaces de comprenderlo todo… Todo eso fue bien real, o todo lo real que nuestros sentidos y nuestra mente conceden, y se insertó en mi mente con la contundencia de lo vivido, lo experimentado. Y son esos recuerdos los que me hacen seguir adelante cuanto todo cambia; todo lo demás ayuda, acompaña, pero no soy de los que quisieran vivir en una isla desierta rodeado sólo de libros y películas, personajes de ficción que, en el fondo, son más fáciles de manejar que la vida real. Ésa sí que cuesta, pero a cambio es la única capaz de recompensar de verdad. Si me dais a elegir, prefiero la vida. Un millón de veces.

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Una respuesta to “Yo no quiero vivir dentro de una película”

  1. Milgrom 29 julio, 2011 a 10:32 #

    Ostras, que reflexión más interesante. A veces parece que ante las vicisitudes de la vida es más fácil huir y refugiarnos en el cine quedándonos, prácticamente, a vivir allí, en ese mundo intangible donde podemos sublimarnos. Pero sí, es cierto, lo único importante, lo único que merece la pena es lo que pasa en la vida real y es por lo que realmente merece vivir. El cine, el arte, nos ayudarán a entender mejor la realidad, pero no a sustituirla.

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