Tesla y sus editores (II): Hugo Gernsback

26 Jul

Por su parte, “Mis inventos” (también incluido en Yo y la energía) responde a unas circunstancias muy diferentes. No sólo por su año de publicación, 1919, sino porque en ese momento hacía ya tiempo que Tesla había abandonado el foco de la actualidad. De hecho, si el primer texto (“El problema de aumentar la energía humana”) pretendía apuntarse el tanto de ofrecer en exclusiva las últimas innovaciones del genio del momento, “My Inventions” pretende recuperar para las nuevas generaciones a alguien que empezaba a desaparecer de la historia oficial.

El largo texto, publicado por entregas, nació también como un encargo, pero en este caso la idea procedió de Hugo Gernsback, editor de Electrical Experimenter, una de las muchas revistas de divulgación científica que pondría en marcha en su vida. Gernsback, nacido en Luxemburgo, había emigrado en 1905 a América y, como le ocurriera al joven Tesla con Edison, era un admirador de la obra del balcánico desde su juventud. Con un enorme interés por todo lo que fueran los avances científicos, era además capaz de abordarlos y divulgarlos con una enorme pasión. Cuidaba muchísimo el diseño de sus revistas, que albergaban ilustraciones idealizadas y futuristas que aún conservan una enorme fuerza, y que mostraban aparatos y prodigios tecnológicos realizando las más espectaculares proezas, desde una máquina para dictar cartas con el pensamiento a grandes ingenios aéreos y submarinos. Con el tiempo, Gernsback acabaría encontrando el punto perfecto para que confluyeran ciencia y fantasía, y gracias a él nacieron revistas que fijaron lo que en nuestros días conocemos como ciencia-ficción, como la fundacional Science Wonder Stories, cuyo primer número apareció en 1929. La comunidad de aficionados al género le tienen por uno de sus pioneros, y en reconocimiento a su labor dieron su nombre a los premios más importantes de la literatura fantacientífica, los Hugo.

Gernsback abrió las páginas de su revista a Tesla con una devoción sin límites. Durante varios números, el científico no sólo fue desarrollando por entregas lo que inicialmente se pensó como una biografía, pero que inevitablemente se deslizó a la descripción de las maravillas por él concebidas. Si en el texto de hacía dos décadas asistíamos a una proclamación, aquí nos encontramos ante una reivindicación: un Tesla añorante de su lugar preeminente, pero también ajeno a la presión que antes sufría, echa la mirada atrás y nos ofrece el que es uno de sus retratos más humanos, donde podemos ver destellos de esa capacidad de narrar que tanto llegaba a fascinar a sus coetáneos.

En uno y otro caso, la traducción de Cristina Núñez Pereira ha tenido que enfrentarse a las dificultades de un escritor que no sólo no escribe en inglés nativo, sino que en ocasiones se deja llevar por construcciones probablemente más cercanas a su lengua materna que a la que usaba todos los días, a lo que se añade una intención de estilo poco frecuente en la mayoría de la literatura científica. Con el fin de facilitar el acceso al personaje, se ha preferido cambiar lo que hubiera sido el orden cronológico de presentación de los textos, pues “Mis inventos” ofrece un camino más accesible para acceder al pensamiento tesliano que “El problema..”, más ambicioso y recargado, pero que puede ser mejor entendido leído en segundo lugar. En conjunto, representan una inmejorable vía de acceso al universo Tesla.

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